Discurso de Cuauhtémoc Cárdenas

Evento de presentación del documento. 8 de febrero de 2018.

 

Un saludo fraternal y afectuoso a todos los compañeros y amigos que nos acompañan.

Escogimos esta fecha para reunirnos con la idea que fuera cercana al pasado día 5, aniversario 101 de la Constitución de la Revolución Mexicana. Además, tal como señala en su inicio nuestra propuesta Por un México de iguales que aquí se ha presentado, en este año se cumplen, el 18 de marzo 80 años de la Expropiación Petrolera, el paso más firme y avanzado para el logro de una plena  independencia económica; 50 años del trágico 2 de octubre de 1968, que con el valiente reclamo juvenil por la vida en libertad y contra la represión y la arbitrariedad, da aliento a luchas y reivindicaciones democráticas y por el respeto pleno a los derechos de la gente; y 30 años del 6 de julio de 1988, que da paso a la toma de conciencia y a la movilización popular, que han sido fundamentales para el avance democrático alcanzado, causas todas ellas que nos son propias y que aun tienen un arduo camino por recorrer para ser condición universal de nuestro pueblo y nuestra nación.

Hace 101 años las reivindicaciones de la Revolución Mexicana se plasmaron en la carta constitucional de Querétaro, cuando el pueblo tomó conciencia que el cambio era necesario, que era posible llevarlo a cabo y tomó las riendas para conducir el desarrollo del país con sentido reivindicatorio y popular.

La delicada situación que hoy se vive en lo que hace a dependencia política y económica, a la pérdida de confianza en la autoridad y el fuerte deterioro de los niveles de vida de la mayoría de los mexicanos, hacen ver que la única salida que se pueda dar, se encuentra en la puesta en práctica de un modelo de desarrollo que rescate para el Estado el ejercicio efectivo de la soberanía, que impulse el crecimiento sostenido de la economía en el largo plazo, instrumente políticas que fomenten un reparto equitativo de la riqueza, que dé vigencia a un verdadero Estado de derecho, combata y erradique corrupción, impunidad, inseguridad y delincuencia, tal como se propone en las 210 propuestas Por un México de iguales, y lo que sólo podrá alcanzarse si un proyecto con estos contenidos está sostenido por una mayoría política que respalde y participe en su ejecución, lo que hoy quiere decir, reitero lo que he expresado en otras ocasiones, que la construcción de esa mayoría debiera asumirse como tarea prioritaria e ineludible de las fuerzas progresistas y democráticas de la Nación, que en su actividad por crecer y cohesionarse, hagan presencia obligada en toda resistencia frente a injusticias sociales, atropellos territoriales, regresiones institucionales, cesiones de soberanía y quebrantamientos del Estado de derecho.

Tenemos claro que la lucha se nos plantea en los campos de la paz, de la participación ciudadana y la construcción democrática, y que consolidar un cambio como el que se propone, requerirá, en las condiciones actuales, plasmar el proyecto de Nación soberana, igualitaria y democrática en una renovada carta constitucional, que tendrá que ser producto, como en 1917, de un nuevo pacto social.

Pero un congreso constituyente que sirva a la Nación y a las generaciones de hoy y a las venideras, sólo debiera convocarse cuando un proyecto progresista y democrático esté apoyado nacionalmente por una mayoría política, organizada democráticamente. Y no serán ya las armas, sino la participación y la organización popular las que diseñen el marco constitucional que el país requiere para mejorar el presente y asegurar un mejor porvenir.

Esta reunión en la Casona de Xicoténcatl concluye una primera etapa de nuestro trabajo. Empieza ahora una más: divulgar las 210 propuestas con la mayor amplitud posible y como ha sido nuestra práctica, invitaremos a que se discutan y afinen en las tareas que aquí se han anunciado para los próximos meses.

Una decisión que hoy debemos reafirmar es la de que Por México Hoy, como colectivo y con su denominación, no hará presencia ni tendrá participación activa en el proceso electoral, pero cada uno de sus miembros, cada uno de nosotros podrá hacerlo según su sentir y convicciones. Yo, adelanto, entre otras razones para no crear confusiones respecto a nuestro movimiento, no participaré en ninguna actividad electoral de ahora al 1º de julio; ese día cumpliré mi deber ciudadano de depositar mi voto.

No es posible, desde luego, desentendernos que el país, que todos y cada uno de nosotros nos encontramos inmersos ya en un proceso electoral, en un peculiar proceso electoral: coaliciones que no parecen responder a principios o rumbos político-ideológicos definidos; la innovación de candidatos sin respaldo partidario, que han pasado por un verdadero viacrucis burocrático para obtener su registro; aspirantes a candidaturas con registro que aun sin obtenerlo, es muy probable que busquen, de cualquier manera, el voto ciudadano; periodos llamados de precampañas y de congelación de campañas, en los que se hacen o harán campañas, más allá de lo que pueda decir o hacer la autoridad electoral; gran dispendio de recursos públicos, lo que influye en elevar el ya de por sí alto grado de irritación ciudadana existente; y, para rematar, el temor de que se repita una vez más, un enorme dispendio de recursos ilegales que inunden las treinta elecciones por realizarse el 1º de julio.

Existe otra situación que también despierta la preocupación: el proceso estará formalmente conducido por autoridades políticas que han perdido toda credibilidad y autoridad moral. Y se tienen antecedentes muy recientes, de elecciones federales y locales en las que si bien no se han presentado reclamos por un mal recuento de los votos, si se han conocido señalamientos y denuncias graves por los torrentes de dinero sucio y de intromisión indebida de altos funcionarios para favorecer a contendientes determinados, que a pesar de flagrantes violaciones a la ley, han estado y siguen protegidas por la impunidad.

Quisiéramos que nada de esto sucediera de aquí al 1º de julio y que el día 2 amaneciéramos con una ciudadanía celebrando la limpieza del proceso.

Dinero sucio y trampas electorales sólo pueden conducir a mayor irritación ciudadana, alteración de la paz pública, debilitamiento de nuestra ya de por sí frágil e incipiente democracia y quien sabe qué más.

De no respetarse la ley de aquí a la jornada electoral y de violentarse la voluntad ciudadana que se exprese el 1º de julio en las urnas, se expone al país a la desestabilización política y económica, a que una autoridad sin confianza de la gente y falta de oficio político y sensibilidad social, sólo vea como salida a una situación de profunda crisis política y social, la represión y la violencia. Así, podría incluso llegarse incluso a provocar una intervención, abierta o encubierta, del norte, para apoyar a fuerzas de la represión, el entreguismo y la antidemocracia.

Estoy cierto que no es esto lo que la mayoría del pueblo mexicano espera y desea del proceso electoral en curso.

Las responsabilidades principales para que esto no suceda se encuentran en las cabezas del Ejecutivo federal y las locales, en los Poderes Legislativos, en los encargados formales de la conducción política y en las autoridades electorales; también en las dirigencias de los partidos y coaliciones políticas y en los contendientes. A todos ellos toca cuidar que haya o en su caso exigir transparencia y rectitud en los treinta procesos electorales.

Entre otras, estas son razones por las que Por México Hoy ha venido insistiendo en la necesidad de que sin dejar de discutir las características y cualidades de las personalidades que contienden, se discuta principalmente sobre propuestas, sobre ideas y alternativas de solución a la problemática nacional. Es por eso que hemos presentado hoy las 210 propuestas Por un México de iguales, que trataremos de divulgar con la mayor amplitud posible, que invitamos a que se cuestione y critique, con y sin nosotros, a que abierta y públicamente adopten como propias, parcial o totalmente, organizaciones y contendientes por los distintos cargos de elección, así como por aquellos que llevan a cabo actividades políticas y sociales planteadas en el largo plazo. Si esto se logra, habremos cumplido una parte muy importante de la tarea que nos hemos asignado.

Por un México de iguales presenta 210 propuestas. Para nosotros, las 210 son importantes, pues un proyecto coherente requiere de instrumentar todas ellas y sin duda otras más que surgirán de la crítica y la discusión. Pero hay un punto que si no se adopta, no podremos pensar que verdaderamente se lucha por una patria soberana y un desarrollo independiente: el compromiso que debe asumirse categórica y públicamente de luchar en todos los terrenos por revertir la contrarreforma energética de los artículos 27, 25 y 28 de la Constitución, pues sólo un Estado y un pueblo con facultades y mecanismos constitucionales para ejercitar a plenitud su soberanía sobre la totalidad de su territorio y frente al mundo, podrán instrumentar un proyecto de desenvolvimiento equitativo y contribuir a un orden mundial fraterno. Sólo así podrá efectivamente construirse un México de iguales.